Adoración eucarística · Parroquia de Santa Mónica
Una hora con Él
Jesús te espera en el Santísimo. Regala una hora de tu semana a quien te ha regalado la vida, y ayúdanos a que en nuestra parroquia nunca falte quien vele ante Él.
«¿No habéis podido velar una hora conmigo?»
Te esperamos
No necesitas saber rezar de una manera especial. Ven como estás: para guardar silencio, escuchar, dar gracias, presentar a las personas que amas o simplemente permanecer ante el Señor.
Ser adorador es elegir una hora y cuidarla con fidelidad. Tu presencia sostiene la oración de toda la comunidad y hace posible que otros puedan entrar a encontrarse con Jesús.
¿Te cuesta comprometerte porque algún día podrías faltar? No estás solo: habrá otros adoradores y sustitutos para ayudarte.
Elige tu hora
Jueves
- 19:00–20:00AdoraciónParroquiaElegir esta horaExposición al Santísimo
- 20:30–21:30AdoraciónParroquiaElegir esta horaAdoración con Hakuna (jóvenes)
¿Qué supone ser adorador?
🕯️
Adorador semanal
La misma hora cada semana. Es el corazón de la adoración: que el Señor tenga siempre quien le acompañe.
🗓️
Cada dos semanas
Si ahora no puedes cada semana, compartes la hora con otro adorador y os alternáis.
🤝
Sustituto
Sin hora fija: te avisamos cuando alguien no puede venir y acudes solo si puedes.
Tu compromiso es importante, pero no estás solo. Si una semana no puedes venir, avisa cuanto antes y te ayudaremos a encontrar un sustituto. Espera a que te confirmemos que tu hora queda cubierta.
Cómo hacer tu hora de adoración
Una guía sencilla para rezar ante el Santísimo. No hay que saber nada: basta querer estar con Él.
- 1Ponte en su presencia. Al llegar, haz una genuflexión y quédate ante Jesús como quien va a estar con un amigo. Respira, deja fuera las prisas: no vienes a hacer, vienes a estar.
- 2Adora y cree. Dile con fe: «Señor mío y Dios mío. Creo que estás aquí, vivo y verdadero. Te adoro, espero en Ti y te amo.»
- 3Escucha una palabra. Lee despacio un trozo del Evangelio (por ejemplo Mt 11, 28 o Juan 6) y quédate con la frase que más te toque, sin prisa por seguir.
- 4Habla con confianza… y calla. Cuéntale tu vida tal cual: lo que te alegra, lo que te pesa, lo que temes. Y sobre todo, calla y déjate mirar. Como decía el Cura de Ars: «Yo le miro y Él me mira».
- 5Pide perdón. Reconoce con sencillez en qué has fallado y pídele perdón. Su Corazón es un refugio, no un tribunal.
- 6Da gracias e intercede. Da gracias por lo recibido y preséntale a las personas que quieres: los enfermos, tu familia, los que sufren, los difuntos.
- 7Termina con María. Encomienda la hora a la Virgen con un Avemaría y llévate una jaculatoria para repetir durante el día.
Preguntas frecuentes
¿Qué se hace durante una hora de adoración?+
Puedes mirar al Santísimo en silencio, leer despacio el Evangelio, rezar el rosario o la Liturgia de las Horas, dar gracias, pedir perdón y presentar a las personas que quieres. No hace falta llenar la hora de palabras: basta estar con Quien está presente.
¿Tengo que saber rezar?+
No. Empieza con una frase sencilla —«Señor, aquí estoy»—, pon ante Él lo que vives y guarda unos minutos de silencio. Más abajo tienes una guía sencilla, pero no es obligatoria: cada uno reza como sabe.
¿Qué compromiso supone?+
Elegir una hora y venir con fidelidad. No es prometer que nunca surgirá un imprevisto: es avisar si un día no puedes venir y ayudar a que tu hora quede cubierta. Si más adelante quieres cambiar de hora o dejarlo, basta con decírnoslo.
¿Y si una semana no puedo ir?+
Avisa con la mayor antelación posible. Te ayudaremos a encontrar un sustituto entre los adoradores. Faltar un día no es un fracaso; lo importante es que el Señor no se quede sin quien vele ante Él.
¿Puedo venir aunque no esté inscrito?+
Sí, siempre. La adoración está abierta a todos. La inscripción es para quien quiere comprometerse con una hora fija o ayudar como sustituto.
¿Puedo apuntarme con mi cónyuge, mi familia o un grupo?+
Sí, y es una manera preciosa de vivirla. Indícalo en observaciones para organizar bien los turnos.
¿Puedo ser solo sustituto?+
Sí. Es una buena forma de empezar si todavía no puedes comprometerte cada semana: te avisaremos cuando haga falta cubrir una hora y aceptarás solo cuando puedas.
🕯️ Quiero ser adorador
Elige tu hora ante el Santísimo. Esto aún no confirma el turno: la parroquia te llamará para darte la bienvenida, confirmar la hora y explicarte cómo funcionan las sustituciones.
La Iglesia nos lo pide
«Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración».
«Por eso, además de invitar a los fieles a encontrar personalmente tiempo para estar en oración ante el Sacramento del altar, pido a las parroquias y a otros grupos eclesiales que promuevan momentos de adoración comunitaria».
«La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico».
«La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica».
«El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia».
¿Por qué adorar?
En la Eucaristía está Jesús vivo y verdadero. Adorar es, sencillamente, estar con Él.
«Entre todas las devociones, ésta de adorar a Jesús sacramentado es la primera, después de los sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros.»
«Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración.»
A cuantos comulguen los primeros viernes de nueve meses seguidos, les concederé la gracia de la penitencia final; no morirán en desgracia mía ni sin recibir los sacramentos, y mi Corazón será su seguro refugio en aquella última hora.
Promesa del Sagrado Corazón a santa Margarita María de Alacoque (gran promesa, 12.ª)
Cuando no puedes acercarte al Sagrario
Comunión espiritual
«Creo, Jesús mío, que estás realmente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero, como no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y, como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno totalmente a Ti. Jesús, no permitas que jamás me separe de Ti. Amén.»
San Alfonso María de Ligorio
Jaculatorias para el día
- •«Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar.»
- •«¡Señor mío y Dios mío!»
- •«Quédate con nosotros.»
Por una necesidad grave
Cuando pidas por algo serio, reza este acto de abandono en Jesús: no te angusties, confía y déjale hacer.
«¡Oh Jesús, me abandono en Ti: ocúpate Tú de ello!»
No quiero angustiarme, Dios mío: ¡confío en Ti!
Jesús al alma:
¿Por qué os confundís, angustiándoos? Dejad a mí la gestión de vuestros asuntos y todo se calmará. En verdad os digo que cada acto de verdadero, ciego y completo abandono en mí, produce el efecto que deseáis y resuelve los problemas más espinosos.
Abandonarse en mí no significa atormentarse, alterarse o desesperarse, dirigiéndome luego una oración llena de inquietud para que yo os siga a vosotros y cambie así la inquietud en la oración. Abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartar el pensamiento de la tribulación y confiarse a mí para que sólo yo obre, diciéndome: «ocúpate Tú de ello». La preocupación, la turbación, el querer pensar en las consecuencias de un hecho son cosas contrarias al abandono.
Es como la confusión que traen los niños que pretenden que la mamá piense en sus necesidades, pero quieren también resolverlas por sí solos, y así obstaculizan, con sus ideas y sus fijaciones infantiles, su trabajo.
Cerrad los ojos y dejaos llevar por la corriente de mi gracia; cerrad los ojos y no penséis más que en el momento presente, alejándoos del pensamiento del futuro como de una tentación; reposad en mí creyendo en mi bondad, y os juro por mi amor que, diciéndome con estas disposiciones «ocúpate Tú de ello», yo lo haré por entero, os consolaré, os libraré, os guiaré.
Y cuando tenga que llevaros por un camino diferente del que veis vosotros, yo os adiestraré, os llevaré en mis brazos, haré que os encontréis en la otra orilla, como niños dormidos en los brazos maternos. Lo que os turba y os hace un daño inmenso son vuestros razonamientos, vuestras preocupaciones, vuestros afanes, y el querer a toda costa ser vosotros quienes remediéis aquello que os aflige.
¡Cuántas cosas realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en las materiales, se vuelve a mí, me mira y, diciéndome «ocúpate Tú de ello», cierra los ojos y reposa! Obtenéis pocas gracias cuando os atormentáis por producirlas; en cambio, tenéis muchísimas cuando la oración es un encomendarse plenamente a mí. En el dolor oráis para que yo obre, pero para que obre como creéis que debo obrar… No os dirigís a mí, sino que queréis que yo me adapte a vuestras ideas; no sois enfermos que piden al médico que les cure, sino que le sugerís la cura. No obréis así, sino orad como os he enseñado en el Padrenuestro:
- Santificado sea tu nombre: sé glorificado en esta necesidad mía.
- Venga a nosotros tu reino: que todo contribuya a tu reinado en nosotros y en el mundo.
- Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo: dispón Tú, en esta necesidad, como mejor te parezca para nuestra vida temporal y eterna.
Si me decís de verdad «hágase tu voluntad» —que es lo mismo que decir «ocúpate Tú de ello»—, yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades. ¿Ves que la enfermedad apremia en vez de menguar? No te turbes: cierra los ojos y dime con confianza: «hágase tu voluntad, ocúpate Tú de ello».
Te digo que así lo haré, que intervendré como médico y que hasta obraré un milagro cuando fuere menester. ¿Ves que el enfermo empeora? No te desanimes: cierra los ojos y di: «ocúpate Tú de ello». Yo me ocuparé, y no hay medicina más poderosa que una intervención mía de amor. Pero me ocuparé de ello sólo cuando cerréis los ojos.
No descansáis nunca; queréis valorarlo todo, escudriñarlo todo, pensar en todo, y os abandonáis así a las fuerzas humanas, o peor, a los hombres, confiando en su intervención. Es esto lo que obstaculiza mis palabras y mis designios. ¡Oh, cómo deseo vuestro abandono para beneficiaros, y cuánto me aflijo al veros turbados! Satanás pretende precisamente esto: turbaros para apartaros de mi acción y arrojaros a merced de las iniciativas humanas.
Confiad, pues, sólo en mí; reposad en mí; abandonaos a mí en todo. Yo obro milagros en proporción del pleno abandono en mí y de la ausencia de preocupaciones vuestras. ¡Derramo tesoros de gracia cuando os halláis en la plena pobreza! Ningún razonador ha hecho milagros, ni siquiera entre los santos: obra divinamente quien se abandona a Dios.
Cuando veas que las cosas se complican, di con los ojos del alma cerrados: «Jesús, ocúpate Tú de ello». Haz así en todas tus necesidades; obrad así todos y veréis grandes, continuos y silenciosos milagros. Os lo juro por mi amor: yo me ocuparé de ello.
Rogad siempre con esta disposición de abandono y tendréis gran paz y grandes frutos. Mil plegarias no valen lo que un solo acto de abandono: recordadlo bien. No hay novena más eficaz que esta: «¡Oh Jesús, me abandono en Ti, ocúpate Tú de ello!».
Del Siervo de Dios Don Dolindo Ruotolo
